domingo, 15 de febrero de 2015

La vida en Re (Capitulo 2)

Aventura encubierta

-Oye Naieli- Escuchó ella mientras aun cubría su cuerpo con las suaves cobijas verdes de su cama.

-Vamos, levántate- Continuo su padre mientras levantaba la cortina de la ventana dejando que entrara la luz del sol que hizo que Naieli se cubriera la cara con un gesto de disgusto en el rostro.

-Papá, no quiero, es muy temprano aun- Contestó ella sin destaparse con vos turbulenta y cansada.

-Vamos, tengo que hablar contigo-

-¿De qué? Dímelo aquí, te escucho-

-Es algo serio, por lo que quiero que me veas a los ojos para saber si es verdad lo que me dijeron-

-Es mentira, no he hecho nada-

-¡Hey! no te estoy preguntando, es enserio, necesito hablar seriamente...-

-Pero de que, dímelo aquí, que estoy muy cansada- dijo Naieli mientras descubría su cara y levantaba su espalda para sentarse sobre su colchón azul y mirar a su padre a los ojos.

Su padre se sorprendió al ver como su quebradizo cabello se revolvía tapándole la mitad del rostro a su hija solo permitiéndole ver sus ojos color café con ojeras mañaneras y la mitad de su redonda nariz que yacía sobre su boca que enmarcaba una sonrisa a medias forzada, mientras que el resto del cabello se levantaba como palillos electrificados que le alteraban su aspecto común a otro sumamente vergonzoso.

-Ayer en la noche me hablo la mamá de Eduardo-

-Sí, y que paso-

-Espera, no me interrumpas, me dijo que los vio a ti a Brenda junto con otros muchachos fuera de la escuela cuando se supone que deberían de estar ahí-

En ese momento llegaron a la cabeza de Naieli los recuerdos del día pasado que fue viernes, que gracias a los amigos desaliñados de su mejor amiga Brenda, decidieron no entrara a su colegio para salir a pasear por las calles más alejadas del pueblo que habitaban, hasta llegar a la ciudad donde
planeaban garabatear por los rincones ocultos de los negocios que rodeaban los grandes edificios de la ciudad de los palacios.

-Eso no es cierto-

-Deberás, porque no quiero que te metas en problemas, ya te he dicho que no puedes descuidar tu promedio en la escuela, ya estas a punto de ingresar a la prepa y no quiero que por chucherías como esas bajes y te pierdas en el camino-

-Sí papá, ya me lo has dicho, pero ya te dije que estoy esforzándome-

-Esta bien, no quiero que hagas nada de eso, pero aun así es muy terrible que dice la señora Ramírez (Madre de Eduardo), le voy a hablar para quejarme sobre lo que chismea-

-¡No!-

-¿Por qué no?-

-Es que... porque no, si no es verdad no hay que buscar más problemas, los papas de Eduardo son terribles y pueden comenzar a hablar peor de mi o de ti-

-Bueno, pero para la próxima no me quedare con los brazos cruzados, y si eres tu la que me esta mintiendo será peor el castigo ¡Estas advertida!-

Cuando su papá salió de u cuarto cerro con fuerza la puerta dejando solamente dentro de este a Naieli dentro de este, con los cabellos más alterados que nunca, ella no quería ni de chiste que su padre se enterara de su aventura ilícita, pero sabia que ya no tenia que volver a hacerlo, aunque fueron los momentos más divertidos de toda su vida estar detrás de las cantinas cerradas en el día junto con varios chicos codiciados en su escuela, hasta incluso ella creía que le gusto a uno de dichos hombres con aspecto ardió y con la rebeldía necesaria para no querer asistir a la escuela secundaria casi todos los días de la semana, pero aun así, tenían un poco de dignidad. Ella siempre se había preguntado que cosas pensaran ellos, ya que al parecer no planean mucho lo que vendrá en el futuro, y eso era lo que más le preocupaba a ella, lo que sucederá el día de mañana.

Naieli se volvió a acostar para relajar los nervios que había recobrado en aquella corta discusión con su padre. Recordó en esos instantes la fuerte relación que ella ha tenido con él, ya que su madre murió cuando ella tenia apenas seis años de edad, por o cual su padre se deprimió mucho, pero siempre se preocupo más en ella, por lo que no podía aguantar mentirle a su padre, él lo daría todo por ella, y ella no quería cortar la confianza ya tejida, entonces opto por que esa fuera la ultima mentira que le diría a Rubén, su padre.

Apenas pasaron unos minutos después de que su padre saliera de su recamara para que volviera a regresar y esta vez abriera lentamente la puerta para decir desde afuera: "Hija, baja, he preparado el desayuno". con su vos grave y atemorizante, pero noble en el fondo. Cuando se escucho que la puerta se volvió a serrar Naieli se levantó lentamente de su cama para acomodar su largo cabello oscuro que aun seguía parado por la electroestática proporcionada por su almohada.

Antes de salir de su recamara miro una fotografía que siempre conservaba sobre su buro en donde se veía a su madre, su padrea y a ella con apenas cinco años de edad sonriendo frente a la cámara en su antigua casa en lo más alto de las regiones de San Luis Potosí, en donde vivían sus queridos abuelos, que ahora yacían en lo más profundo del triste camposanto al igual que su madre que tenia el mismo nombre que ella para conservar una tradición antigua de llevar este nombre en la familia.

Al encontrarse ya en la cocina en donde se le veía a su padre sentado en un pequeño banco, desproporcionado a su corpulento tamaño, pero aun así con el toque de miedo que refleja su mirada. Naieli sonrió al ver esto y camino asta su asiento en donde ya se encontraba una comida instantánea recién calentada, tal vez vivir con su padre no era de lo más salubre, pero a ella le hacia muy feliz.
Cuando ella termino se levanto y se dispuso a regresar a su cuarto pero antes vio a su pequeño pez que se encontraba flotando como siempre con sus curiosos ojos observando todo lo que acontecía en este hogar, Naileli acerco sus ojos a la pecera para ver estos pequeños ojos que nunca dejaban de moverse, en ese instante ella se puso a reflexionar un poco sobre lo que piensan estos animalillos, tal vez todos crean que son irracionales, pero ella creía que podía haber algo más allá de un subconsciente que solo busca comer, dormir y conservar su especie, quizá también tenga sentimientos.

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