jueves, 30 de abril de 2015

Vídeo libre: tocando el clarinete.

El vídeo que presentare sera sobre un poco de lo que he aprendido en cuatro meses de practicar el instrumento ya mencionado, las piezas fueron de mi selección, y aunque aun no suene adecuadamente, es el reflejo de lo que hago en ratos libres, aunque sea difícil, aunque cueste y no solo energía, sino también dinero (que no es lo que más tengo) y aunque no pueda, al principio, yo seguiré luchando por las cosas que me gustan, sin importar las adversidades. Espero que quienes vean el vídeo piensen en el esfuerzo que realmente oculta, detrás del sonido tan feo, pero algún día mejorara, y sera pronto.


miércoles, 1 de abril de 2015

La vida en Re (Capitulo 5)

Es tiempo de continuar, y para continuar sigo con la serie La vida en Re, espero que les guste el nuevo capítulo.

El regreso de Pablo 

De nuevo de día, la luz se hacia presente.La fría mañana se elevaba por lo largo de las montañas resplandeciendo entre las pequeñas gotas de rocío de las hojas verdes que dan el signo del inicio del verano en la región, otra vez. 

Naieli se encontraba enredada entre las sabanas de su cama mirando por su ventana como descendía el sol en el cielo, sujetó una pequeña muñeca que había guardado desde su infancia, la recordaba con mucho amor por su madre se la había regalado en su cumpleaños seis, tres días antes de su accidente que le costo la vida. Junto con la des mensurable profecía, ella abrazó la muñeca de trapo que representaba una sonrisa en el ostro tejida con hilo café, pero que aun así, por su falsedad, le daban alegría a Naieli. 

Antes de volver a dormirse, ella recordó la gran historia de como su madre conoció a su padre actual. 

Antes de que se conocieran los dos llevaron vidas muy difíciles sumidos en la pobreza, casi extrema, pero por sus ansias de conocer más allá de las fronteras de sus hogares donde apenas si vivían sobreexplotados de trabajo y sin recompensa los movió hacia diferentes rutas que por curiosas causas del destino colindaron en unos momentos, pero solo eso fue necesario para que los dos decidieran comenzar una vida juntos. 

La mamá de Naieli vivió hasta los quince años en las regiones más desoladas de Monterrey en donde trabajaba desde muy pequeña acarreando agua para una vieja hacienda, los dueños era amables con su madre que era su sirvienta, pero a ella, Naieli Martínez de la Cruz, le ofrecían un trato menos cordial. Sus primeros años fueron sumamente terribles, pero fue asta que decidió escaparse de aquel lugar cuando por fin fue feliz por primera vez en su vida. A los dieciséis años comenzó a trabajar con un señor que vendía frutas de poblado en poblado, lejos de la vieja hacienda donde ella trabajaba, así continuo asta los diecisiete años o clandestinamente sin rumbo con aquel señor de avanzada edad. 

Cuando tuvo diecinueve, el viejo falleció por lo que su madre tuvo que buscar otro trabajo, y por causas destino conoció en la calle una señora de avanzada edad que le ofreció de buena gana la oportunidad de trabajar, pero hasta el Distrito Federal, como mucama. Naieli (la madre) no hizo nada de disgusto y acepto, ahí conoció a su padre en su trabajo, años desúés se casaron, una vida dificil pero perfecta. 

Naieli se acurrruco en su cama y se quedo profundamente dormida, de nuevo. 

Mas lejos de la casa de Naieli , adentrándose en las calles del poblado, todas las paredes de la avenida principal destellan colores iguales. Para la hora que transcurre ya se ven a muchas personas andando entre los caminos agrietados, saliendo de las pequeñas casas que inundan el terreno, unas sobre otras y luego otras. Continuando en el camino se puede llegar asta la esquina de la calle Hidalgo en la que se colinda con el paseo Dolores, en esa esquina se logra encontrar una pequeña pero reconocida abarrotería en donde tras el mostrador de productos lácteos se encuentra a Luis Osvaldo Martínez atendiendo desde las ocho de la mañana en punto, como cada día. 

En el recorrido de las calles torcidas del poblado se vio un cuerpo que avanzó repentinamente a gran velocidad, sobresaliendo entre todas las personas que colman la rúa, ese era Pablo. Tras cruzar la calle Carranza para entrar en la avenida principal y luego adentrarse en la calle hidalgo y sin perdida a la esquina aledaña a Dolores, Pablo entró como un proyectil en "Los parlantes". 

Luis, el atendedor del llamado local se asustó a primera estancia a ver a su amigo entrar de esa forma tan repentina a su local que sobresalto, pero mayor fue su impresión al ver su aspecto. Los ojos de pablo se encontraban tan abiertos que se perdían las arrugas que acumulaba a su edad, además de la palidez de su rostro era semejante a lo blancuzco de las paredes internas de "Los parlantes" por lo que su figura llegaba casi al extremo de perderse en ese color, además que de la misma forma, sus canas que dominaban su cabeza y los pelos frágiles de su barbilla aparentaban que habían crecido. 

Pablo avanzó asta Luis para después dejarse caer al frio suelo, él asustado se inca y lo sujeto de los hombros para tratar de reincorporarlo sin poder decir algo por el impacto del suceso. Ahora, Pablo caminó asta una silla, donde normalmente se sentaban los compradores de la abarrotería antes de que fueran atendidos, para reposar y respirar tras su larga carrera. 

-¿Qué te ha sucedido? - preguntó Luis con temor. 

-No creerías lo que me a ocurrido- contestó pablo sin parpadear y sin mover mucho la boca o cualquier otro musculo de su cara o su cuerpo a excepción de la nariz que respiraba frenéticamente. 

-¿Qué cosa? dime que me preocupas.

-He videado algo tan maravillosamente horrible.

Luis se quedo parado temblando viendo la expresión que aun conservaba Pablo desde que llegó. Tras una leve pausa él continuo. 

-He visto el nacimiento de un nuevo sol, entre los viejos horizontes que resuenan de dolor como yo con la llegada del nuevo día.

En ese momento Luis comenzó a retroceder lentamente para atrás pero tras un breve momento de horror se reincorporo para observar de nuevo el rostro de su amigo pero luego se calmó cuando un nuevo pensamiento llegó a su cabeza dando un gesto de ironía. 

-¿Estas ebrio, verdad?- Pregunto al fin Luis acercándose a Pablo para ver si despojaba un olor alcohólico.

-¿Q? como piensas eso de mi- manifestó Pablo moviendo su cabeza para atrás recuperando de inmediato casi todo el color de su piel.

-Bueno es que todos te conocen solo por borracho.

-Eso no es cierto, hace ya más de dos años que deje ese vicio.

-¿Y entonces como es que lograste hablar así, no recuerdas las viejas fiestas del pueblo, cuando quedabas hasta las chacras casi callándote de la silla aunque estuvieras sentado?, solo en esos días hablabas de tu filosofía erótica del campo.

-Pero eso no es cierto, te juro que no he tomado.

-Haber, entonces deja tu poesía y explícame que te ha sucedido.

-Bueno es que si te lo cuento como tal, no me creerías.

-Tu échalo, soy todo oídos ahora.

-Bueno, es que ayer en la mañana salí pa´ el campo en busca de una buena leña para calentar mi casa porque últimamente hace mucho frio...

-Eso si lo escuche, decían que no regreso en todo el resto de la tarde, debe saber que eso ya lo metió en muchos chismes.

-¡Espera! no me interrumpas- Pablo sujeto su garganta y gruño para aligerarse la vos. -En el camino me detuve a ver que en el cielo había algo similar a un so, era otra luz, tan grande como la que nos ilumina eternamente, pero eso es lo de menos, después de observar esta luz note que algo me estaba viendo, entre los árboles, así que trate de descubrir quien me atisbaba, pero eso fue lo pero que pude haber echó. Del suelo, repentinamente salió un hombre que se me dificulta describir pero este montaba un extraño aparato que sobrevoló mis hombros, él era una luz, como la que ya había visto antes. Ese destello era impresionante, durante un gran rato me dejo idiotizado, solo me quede sumido de la luz- en ese momento él hizo una pausa.

-Aja, y luego- expreso con escepticismo Luis en el silencio de pablo.

-Espérate, aun no termino. Lo más ruborizarte de todo el hecho era que el hombre del aparto me hablaba, decía palabras en una lengua extraña, pero irracionalmente le entendía todito lo que parlaba, aunque no me creas si fue así, la vos de dicho ser no se callaba, llegó al extremo de desesperarme tan profundamente que me quede dormido en el pasto, apenas hoy en la mañana logre despertar de nuevo, la verdad aun no se si fue realmente una pesadilla, pero aun destella en mis ojos aquella luz con gran intensidad que me niegan la razón de que todo fue un mal sueño.

En eso Pablo volvió a poner la misma expresión de cuando llego a la tiendo con los ojos abiertos inmóviles y los pelos parados.

-¿Eso es todo?- preguntó Luis.

-Si, eso es todo- Replico Pablo regresando la expresión normal a su rostro.

-¿Aja, y así sucedió?

-Si, totalmente.

-Bueno...

-Pues esa es la verdad, que más puedo decir.

-¿Toda la verdad, no?

-Si.

Luis cruzo sus brazos y alzo una de sus cejas aun con escepticismo en las pupilas.

-Estas totalmente ebrio- Dijo él tras otra breve pausa.

-¿Qué? ¡Acaso no me crees!

Luis se dedico a pensar unos instantes.

-A ver, sóplame- contesto él imperativamente acercándose más a su arrugado rostro.

-Acaso no confías en mi, gran amigo, que no ves que te estoy diciendo toda la verdad.

-No lo se, no percibo olor a alcohol, ¿seguro que no tomaste nada?

-¡No es posible!- gritó Pablo alzando los brazos y el rostro, -no tome nada de eso.

-Pero seguro que no consumiste algo extraño, por esas regiones de tus terrenos crecen plantas con usos desconfiados...

-Segurísimo, yo ya no consumo ni alcohol ni drogas, nada de esas cosas del diablo señor.

-Bueno, Bueno creo que te podría creer.

-De veras- expreso Pablo con un brillo de alegría en su rostro.

-No... mejor sóplame, de veras, me preocupas al igual que tu salud y la de tu familia.

-Valla, mejor me voy.

-¡No espera!- gritó Luis sujetando a Pablo con su mano izquierda su hombro derecho evitando que se diera la vuelta. -Vamos, yo soy tu amigo, puedes confirme la verdad, te juro que no le digo a nadie, ni a tu esposa o a mi perro,  juro que lo reservare pero dime la verdad.

-Rayos, tu no tienes perros.

-Eso solo una metáfora, vamos no seas tan circunspecto, puedes decirme hasta con quien te acostaste...

En ese momento Pablo sufrió un ataque de cólera y salió corriendo del lugar con la misma euforia con la que entró a aquel lugar después de haberle gritado "vasta" a Luis, él se quedo impresionado por la actitud de su amigo, nunca lo había visto igual, su cara pálida y sus ojos abiertos. Entonces en su mente se cruzó un viejo recuerdo (viejo como Pablo, pensó) en el que en una fiesta, cuando él era aun más joven, aquel señor salió de su casa cuando callo al suelo por la ebriedad de su cuerpo, entonces Luis le ayudo a levantarse pero se asusto al ver que su rostro estaba pálido y con ojos abiertos, igual como había llegado a su abarrotería, por lo que él decidió calmar sus nervios y domino su mente con la idea de que seguramente había vuelto a ocurrir ese momento horroroso al instante pero graciosos días después. Aun así se sintió oprimido por el mal trato que le ofreció.

"Pobre de él, creo que le debí de haber hablado con más suavidad" se dijo Luis mientras se recargaba en la entrada de su despacho mirando la gente pasar mientras le deseaban los buenos días y el sol quemara lentamente su piel.