IV. UN FIN, UN NUEVO INICIO
Las letras terminaban en este punto, las demás hojas aún se encontraban en blanco.
Roxana regreso de contestar el teléfono, en el cual había llamado un individuo que se debió de equivocado de número. Ella serró la libreta al ver que se había abierto por el viento que entraba por la ventana que seguía abierta, la cual, antes reflejaba un paisaje diferente al que antes se encontraba, hace ya diez años.
El sol ya estaba casi totalmente oculto y las primeras estrellas de la noche ya brillaban, Roxana sabía que en pocas horas llegarían sus padres de su trabajo, y esperaba recibirlos para decirles que ya era libre, que la etapa oscura ya había terminado.
Cerro lentamente la libreta pensando en que ocurriría si se la mostrara a alguien, no tenía amigos, además no confiaba mucho aun en sus padres por el tiempo que vivió "lejos" y no en su cuerpo, aunque la forma en que redactó todos los párrafos parecía hablar con alguien más, ella no lo escribió para enseñarlo, solo lo hizo para liberarse de todos los malos recuerdos y dejarlos ya en el pasado, esperando a que todas las siguientes paginas enmarcaran una mejor historia.
Antes de juntar la tapa trasera de la libreta se dio cuenta que había algo escrito en la última página de este, extrañada la reviso y vio un corto mensaje escrito en su propia letra, pero la letra que tenía hace diez años, ya que era igual a la que decía al principio "¿Cómo comenzar?" diferente a la que era su nueva letra, el mensaje decía en cortos párrafos
"No quiero que me olvides nunca.
Si no entiendes lo que te digo.
Solo llega al cielo para conocer la verdadera razón de todo."
Roxana se extrañó ante eso pero también le llego un recuero, aún más antiguo que del 25 de abril, era uno en donde ella escribía esa frase al final de la libreta pero también plasmaba algo más en otra agenda.
Rápidamente, ella corrió hasta el ático de su casa en donde guardaban cosas vejas en donde tras una larga búsqueda encontró la agenda en donde había escrito más, en esta se veía reflejado todos los recuerdos de su niñez, todas las memorias que había perdido ahora estaban frente a ella. Pero aun así por la maravilla que representaba ese nuevo descubrimiento sintió miedo al pensar como había podido hacer eso ella. Entonces en ese momento escucho una vos.
-No tengas miedo- le decía la dulce vos, -yo no vengo a hacerte nada, solo quiero que sepas por qué estás aquí.
-Quien eres- preguntó Roxana dirigiendo su vista al lugar de donde provenía la vos, en donde logro descubrir a una pequeña niña parada con la misma libreta rosada decorada con flores talladas en la madera de la cubierta con pequeñas manchas de verde metalizado en manos.
-Tu sabes quién soy- contesto rápidamente la pequeña niña.
-No puede ser cierto- dijo Roxana susurrándose a sí misma con un gesto de temor en el rostro.
-Si- prosiguió la niña moviendo rápidamente su cabeza de arriba abajo, afirmando, -yo soy tú. Pero no soy real, solo soy parte de tu imaginación de tu pasado.
-¿Cómo puede ser eso posible?
-Es posible, simplemente así es, tal vez no pueda explicártelo, pero tu si puedes hacerlo, solo quiero que recuerdes un único momento, el momento en el que tomaste por primera vez esta libreta- en ese momento la niña estiró los brazos para revelar el interior de la libreta rosada que sostenía en brazos, -Recuerda bien, aún más atrás de tu posesión.
-No puede ser- gritó Roxana al ver como aparecía un ser del tamaño de dos metros que apareció en pie junto a la niña entre las sombras que cubrían los rincones del ático frente a ella. Este ser tenia de la cintura para abajo cuerpo de cabra con pelaje oscuro y terriblemente amenazador, mientras que para arriba, el resto de su cuerpo era de un hombre muy fuerte. Pero al ver su rostro se regresaba de nuevo a la cabra, sus ojos eran totalmente negros, profundos como el terror que producían, sus alargadas y peludas orejas temblaban y de su ancha nariz emitía una pequeña nube de aire que suspiraba con furia revolviendo todas las partículas de polvo que eran débilmente visibles por la lámpara que alumbraba tenuemente el lugar.
-No te preocupes, no te puede hacer nada, al igual que yo, solo es una alucinación, no podríamos ni tocarte, somos producto de tu subconsciente que te muestra la verdad- gritó la niña en vos alta mientras abrazaba de nuevo la libreta rosada, -solo recuerda, antes de mí, antes de Baphomet...¡Antes de todo!
El temor que tenía Roxana ante este hombre-cabra no le dejaba ni respirar bien, supo de inmediato que esa era la forma real del ser en su interior los últimos años, ese monstruo la había controlado la etapa más difícil de su vida y ahora se revelaba, no como el éxtasis artificial del que se disfrazaba dentro de ella, sino en su terrible forma física con la mirada demoniaca que tiene un ser que no pertenece a nada del bien, solo al horror infinito.
-Solo recuerda- siguió insistiendo la niña ahora con la vos en un volumen más bajo y dulce, -ignóralo, él ya no te puede hacer nada, solo trae a tu mente el momento en que comenzó todo, recuerda a Zhüll.
De pronto, Roxana sintió un golpe en el corazón la que le trajo un recuerdo, el comienzo de todo, la frase "¿cómo comenzar?", esa era la frase perfecta, además del nombre que pronuncio la niña, era de otro ser que la había estado protegiendo todo el tiempo, era parte de su alma, un ente mucho más poderoso que un ángel.
Fue entonces, cuando después de tantos temores, después de tanto miedo y tanta intriga, por fin Roxana entendió la razón por la cual había venido al mundo. Nunca antes había tenido ningún tipo de cuestionamiento existencial, nunca le había llegado a la cabeza la idea de buscar un propósito más allá del hoy, tener un objetivo en la vida. Y ahora, tras la corta charla con la alucinación tuvo su más grande revelación. Entendió que ella vino aquí para dar vida, no directamente, si no en el hijo de su alma, el ya mencionado Zhüll.
Después del encuentro, que casi le hizo perder la conciencia por tanto temor, Roxana salió del ático con lágrimas en sus ojos, pero no eran de tristeza, eran de alegría, de entender la existencia de este otro ser que estaba en las profundidades del mar, que era resultado del poder sagrado en su cabeza, el cual ya había querido ser derrocado, con fracaso. Las imágenes que se pararon frente a ella se desintegraron cuando ella entendió todo. El cambio fue brusco, pero valió la pena.
Ella caminó hasta la ventana de su cuarto para ver el cielo ya casi completamente en tinieblas, que solo daba como último regalo de un buen día un brillo tenue color rojo que desaparecía lentamente con el movimiento de las manecillas de su reloj, que flotaba en la pared, este indicaba que ya era momento de terminar el día, este último destello se hacía débil entre las montañas sobrepobladas con casas sobre casas, autos chocando con autos, todo en sobre puesto por el manto del verdadero suelo natural.
Los minutos empezaron a trascurrir lento, la luz natural del sol había desaparecido para dar paso a la luz de la larga cadena de lámparas en los postes de cableado eléctrico que recorrían infinitamente las calles, pero sin embargo en ese momento no había nada que brillara más que la sonrisa de Roxana, que aún continuaba mirando hacia el horizonte donde los edificios gigantescos de su futuro daban el escenario perfecto entre la mezcla de lo tecnológico y lo natural, bello y proporcionado.
Zhüll, en ese momento había madurado ya lo suficiente para poder salir de su madriguera, decidiendo regresar a su verdadero hogar en donde podría crecer sin límites, en el espacio. Sin embargo, no había nada que temerle a este ser inmortal, ya que por el material del cual estaba sustituido su cuerpo no cumplía con las reglas básicas de la física, era algo sagrado, y ya había madurado para cumplir su objetivo escrito desde el día en que nació: ser el nuevo dios de una nueva dimensión, en donde daría vida a seres mortales semejantes a él, los cuales pensarían como él y les daría las bases de su creación como mandato universal, la razón de todo.
Los dos habían crecido juntos y ya habían madurado, solo les quedaba seguir sin temor a nada, sin pretextos ni discordias, sin tristeza ni odio, sin nada malo que les desvié el camino por el cual habrían de completar su vida. Era tiempo de comenzar de nuevo, los recuerdos del pasado ya no importaban, solo tenían que enfocarse en el presente, en el futuro. Y lo que realmente valiera la pena recordar, no tendría que ser escrito en un diario, sino a los rincones más bellos de su mente, no en lo físico, sino en lo espiritual. Esta fue la lección de vida más importante para Roxana.
Y sin embargo las dudas continúan frente a todos los hechos ya narrados. ¿Cómo completar la historia? Solo la puede terminar el lector, decidiendo a gusto los sucesos incomprendidos, porque, la imaginación es la única que da paso a los sucesos incompletos de una historia.
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